ATERRORíZATE
Con
nuestra
Historia
Conoce sobre los orígenes, las historias, dones y maldiciones leyendo relatos que encierran verdades transmitidas de generación en generación sobre la existencia estos pequeños seres milenarios.
Tres cuevas
Tres duendes
Tres historias
El Chusalongo
Quizás cause gracia leer este nombre. Pero tan pronto conozcas la historia de este personaje, se te borrará el esbozo pícaro del rostro…
Gnosh
Se dice que en esta covacha habita un pequeño ser. Y quienes lo vieron dicen que Gnosh no es de aquí.
El Chullachaqui
Los primeros habitantes de Villa Rica creían que un lugar tan tétrico como este solo podía ser habitado por un ser que se asemeje a él.
Este ser responde al nombre de Chullachaqui.
Déjanos contarte una historia...
La cueva del Chusalongo
Iniciamos nuestra aventura caminando por el margen derecho del río Entáz.
Al pasar los minutos, poco a poco nos adentramos a un lugar cubierto por una vegetación enmarañada, donde van descendiendo las aguas del río que cae del cielo. Luego de escalar una cuesta serpenteante, arribamos la cueva del Chusalongo.
El Chusalongo aparenta ser un hombre pequeño con largas orejas puntiagudas. Su insaciable apetito sexual hace que quiera y posea a jóvenes féminas que habitan en el pueblo aledaño.
Convive entre nosotros jactándose de su descomunal y particular atributo viril, que más de una vez ya ha sido motivo para ser castigado por las divinidades de la Amazonía.
Querido visitante
Si a la mañana siguiente su mujer despierta sonriente, no se sienta satisfecho porque de hecho el Chusalongo visitó su lecho.
La covacha de Gnosh
Para darle diversidad a esta aventura, desviamos el paso a una parte alta de la montaña. Se dice que en esta covacha habita un pequeño ser.
Quienes lo vieron reconocen una barba larga tan blanca como la nieve en Alemania, con ojos tan fríos y profundos como una noche escandinava, y de tez más clara que el de cualquier criatura autóctona en Perú.
Por eso dicen que Gnosh “no es de aquí”.
Su fama es tan conocida por las familias que viven cerca a la finca que, solo basta mencionar su nombre para que algunos se horroricen al oírlo.
Para los dueños de La Ruta del Duende, Gnosh es más bien un duende bueno, que vive atento y vigilante, custodiando que el Chusalongo no venga a importunar a las trabajadoras seduciéndolas, ni que el Chullachaqui rapte a los niños que se pierden de la vista de distraídos padres.
Ojo viajero
Nosotros sabemos que el guardián de La Ruta no hace daño, pero tampoco se te ocurra provocarlo.
La guarida del Chullachaqui
Llegamos al final de nuestro recorrido visitando la cueva más grande y profunda de La Ruta del Duende.
Desde antes que se fundara Villa Rica, los primeros habitantes, creían que, un lugar tan tétrico como este solo podía ser habitado por un ser que se asemeje a él.
Este ser responde al nombre de Chullachaqui, y cada cerro mágico en Perú tiene uno.
Es descrito como un geniecillo travieso y juguetón que cuida con recelo a los bosques y a los animales que aquí habitan.
¡Cuidado!
Con quedarte alejado del grupo porque el Chullachaqui disfruta asustar y extraviar a los incautos. Más de una vez se ha llevado niños, que luego de desconsoladas súplicas y pagos por el atrevimiento de entrar a sus tierras, han retornado a sus hogares sin recuerdo alguno del suceso.
